La Buena Muerte de Mena.

En la noche del 11 de Mayo de 1931, la multitud asaltaba los conventos e Iglesias y comenzaba la quema y la destrucción indiscriminada. En la Iglesia de Santo Domingo,del barrio del Perchel de Málaga, se apilaban las Imágenes en montones para prenderles fuego.

En dicha Iglesia se encontraba el Cristo de la Buena Muerte o de Mena, conocido así por ser obra de Pedro de Mena y Medrano, un Cristo que es reconocido como uno de los más valiosos. Un hombre fuerte se subió a un altar y con la pata de la mesa golpeó al Cristo una y otra vez, con tanta fuerza que le hizo saltar una pierna y parte del pelo. Ayudado por un grupo de exaltados, trataron de descolgar la Cruz pero no pudieron. La multitud les animaba,le tenían ganas a esa Imagen y más por ser patrona de la Legión, le daban bofetadas diciendo «¡ahora que vengan los legionarios a darle guardia!». Las capillas y los bancos de la Iglesia estaban ya ardiendo, y el manto de la Virgen de la Esperanza, (cuya cabeza fue salvada por un valiente cofrade cuando ardía en llamas). Entonces, un hermano de la Cofradía, D. Francisco Palma García, en un ataque de valor, empujó al que golpeaba la Imagen y le gritó «¡¿No ves que estás destruyendo una obra de arte?!»

Quiso la suerte que la llegada de la policía y el poco interés de los exaltados,salvase la vida de Palma García. Rápidamente,desmontando los brazos y las piernas ,descolgó al Cristo de la Cruz. Lo envolvieron con el manto calcinado de la Esperanza y restos de túnicas,para tratar de disimularlo y lo dejaron en una esquina para volver a recuperarlo una vez pasados los desmanes. Días más tarde, cuando acudieron a recogerlo, se encontraron con la sorpresa: El manto y el Cristo habían desaparecido, mientras que lo demás se encontraba en aquel lugar.

Todos supusieron que había sido finalmente quemado. Pero años más tarde, una fotografía llegaba a la redacción del Diario Sur. Era un Cristo sin brazos ni piernas, y un anónimo que aseguraba que un día daría a conocer el paradero de la Imagen.

Pero no recibieron más noticias. Las pistas y llamadas anónimas se multiplicaron,incluso se realizaron radiografías en edificios buscando dobles paredes. Pero nunca se supo más… En una carta remitida por Francisco Palma Burgos a su hermano José María en la que le narraba ciertos detalles que le habían sido relatados por Julio Trenas,amigo de la familia, acerca de lo acaecido aquella aciaga noche,decía entre otras cosas que,el imaginero Palma García, ayudado por uno de los jefes del servicio de Bomberos, apellidado Ramírez, «descolgaron al Cristo y le rompieron los brazos,los unieron al cuerpo,envolvieron al Cristo con el manto de la Virgen y entre humos, crujidos y ruinas de hecatombe quedó en su tumba (lugar donde lo dejaron disimulado)a esperar su nueva resurrección.

Unos soldados que estaban en la puerta les prometieron no abandonar la Iglesia. Más tarde hubo una nueva orden,abandonando la guardia y así pudieron entrar los exaltados y quemaron el Cristo. Aquí hay un lapso de tiempo que se prestó a dudas sobre que alguien entrara y lo robara, pero desgraciadamente se quemó….».

Más información: Melilla Cofrade

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