La Esperanza conquista Melilla

A las seis de la tarde, con exquisita puntualidad, abría el cabildo de Flagelación el portón de La Milagrosa. Como estaba anunciado. A los pies del Altar Mayor se disponía -y de que forma- el diseño con el que la priostía quería que María, la de Gracia y Esperanza, recibiera la visita de sus vecinos, atendiera las promesas de sus fieles y arropara las plegarias de sus devotos, incluso hiciera derramar más de una lágrima. Una nube de incienso, fórmula propia elaborada por la albacería, inundaba la nave central de la Parroquia desvelando con quietud todos los detalles dispuestos. Era la onomástica de la Esperanza, la expectación del parto, la O; y no cabía mejor declaración para el acontecimiento, pues ante la sorpresa y asombro de la feligresía se entendía una expresión: “Ohhh”.  Imponía, a priori, acercarse hasta Sus plantas,  consideraban las visitas que era preferible atender los movimientos de quien se atreviera primero, y después… después fue el “chorreo” -como se suele decir en el argot jartible- de gente que incesantemente regalaba el corazón y disponía su alma a la voluntad de María, y así la Esperanza conquistó Melilla.

Lo de ayer fue para deleitarse, para sentarse en un banco y no perder detalle de lo que sucedía, fue una tarde para ganarla en la Milagrosa, y como hay en Melilla quien de esto sabe un rato, hizo D. Antonio Gutierrez , de principio a fin, buen retrato del Besamanos.  Visitó la Milagrosa una familia que quiso posar en cada rincón de la Parroquia, besaron a la Virgen jóvenes y mayores, los Hermanos de La Salle, distinguidos miembros de la Congregación de la Virgen de la Victoria, hermanos de la Cofradía del Humillado, y hasta el Vicario de la Ciudad, D. Eduardo Resa, quiso llevarse una instantánea. Hubo hasta quien pasó tres veces por la fila, arrancando una sonrisa al Acólito encargado del purificador. Con la iglesia repleta, comenzaban las lecturas y momentos de reflexión para entender que María es mujer de Palabra, Servidora, Orante, y que lo es del Dolor y la Alegría.

 

Previsto que acabara el Besamanos a las nueve de la noche, ocurrió lo que no estaba planificado. Vargas, el Hermano Mayor,  comentaba en un rincón con el prioste y el albacea: “¿Que hacemos?, la gente se quiere quedar”, y no se dudó, ante la demanda de quienes decidieron no abandonar a la Esperanza, no humo más remedio que dejar que se sucedieran oraciones, salves y cantos, como quien pretende eternizar su presencia a los pies de María, para recordar siempre esta conquista.

 

 

 

 

 

Vídeo resumen con los momentos más destacados del Besamanos.

 

 

 

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